Carta a mi papá
- Daniela Vilchis
- 20 jul
- 4 min de lectura
Actualizado: 29 jul
Hoy se cumplen 20 años desde que trascendiste y aún recuerdo muy bien ese día. No sabía que alguien podía sostener tanto dolor. Recién acaba de cumplir 17 años y Dios me quitó a mi papá. Desde ese momento decidí que un Dios que dejara pasar tanto sufrimiento, no sólo a mí, sino a una persona buena de corazón, no podía existir. Decidí cerrarme ante toda posibilidad de hacer las paces con él y me volví dura y cínica. Pasé años tratando de superarlo y hacerme a la idea de que no volvería a verte.
Tuvieron que pasar años para que poco a poco las heridas cicatrizaran sólo para que se volvieran a abrir cuando me encontré perdida y sola en un mundo sin sentido, y me volvía a doler el no tenerte a tí para poder platicar, a mi papá que me consolara cada vez que me rompían el corazón, cuando no sabía qué hacer, cuando no quería vivir en un mundo en donde sentía que no encajaba. No fue hasta hace poco en donde me di cuenta y sin pensarlo me convertí en la digna hija de un filósofo. Me di cuenta de que en tí, en tu vida estaban las respuestas que tanto había buscado. Me di cuenta de que el Amor transciende y enseña incluso años después de haberte perdido. Me ensañaste desde la muerte, desde el más allá. Tú, que años atrás habías vivido lo mismo. Te encontraste viviendo en un mundo caótico, y con valentía decidiste con el corazón. Te convertiste en aquello que siempre habías sido, cumpliste tu destino, te convertiste en un filósofo, aún cuando mis abuelos no te apoyaron del todo. Te dedicaste a cuestionarte sobre la vida, el amor, la muerte y viviste por y para ello. Viviste para los demás, actuaste desde el amor, y sobre todo, enseñaste con el ejemplo. Digno filósofo que vivió y murió como uno. Los antiguos egipcios en su inmensa sabiduría sabían y estaban conscientes de la mortalidad del cuerpo, pero que una parte humana trasciende. Por ello, a lo largo de su vida se preparaban para morir. Se preparaban viviendo una vida digna, una vida que, llegando el momento, en el más allá, se enfrentarían a Osiris, el dios de la resurrección y tendrían el juicio del alma, la Psicostasia, en donde Anubis pondría tu corazón en la balanza para pesarlo, y si pesaba menos que la pluma de Maat, la diosa del orden y la justicia, (siempre que veo esta imagen de la balanza me recuerda a tí, siendo libra; siendo justo y equilibrado), si tu corazón había vivido una vida buena, pasabas a vivir en los Campos de Yaru. Y no había forma de escaparse de la verdad, ya que el corazón guarda las intenciones. El corazón no miente. Y si algo me enseñaste, consciente o inconscientemente, con los duros meses de tu enfermedad, fue aprender a morir, a morir en paz cuando tu corazón está en paz. Como un estoico. Entendí que no hay miedo a la muerte si se vivió una vida digna. No sé como lo hayas vivido en soledad, pero nunca te vi asustado, o arrepentido de algo. Como Sócrates, aceptaste tu destino con sabiduría. Me imagino que tuviste miedo, y más si pasaste tanto dolor y ver como tu cuerpo se iba deteriorando poco a poco, pero viviste y moriste de acuerdo a lo que predicaste, esa fue una gran enseñanza que no pude verla hasta años después.
Algo que también aprendí fue a conocerme, a conocer ese destino mío, y sólo se aprende escuchando tu alma, tu corazón. A través de la gnosis, la máxima de Oráculo de Delfos. Y es justo a través de ella, cuando te conoces, puedes experimentar a Dios, el amor más puro e infinito. Es así cuando sabes a qué viniste, y cumpliendo los deseos del alma es como vives acorde a tu corazón. La sabiduría para los egipcios es despertar la sabiduría de corazón, ya que el corazón es sabio. Y cuando uno se conoce, es justo, mantiene la Maat en la Tierra.
Y aunque ya haya sanado mi herida, aún te extraño y trato de seguir tu ejemplo, pero es esa tristeza y ganas de hablar contigo, son las que te mantiene aún vivo. Recordándote es como te mantenemos vivo. Hablándote, así te mantenemos presente. Es el amor que te tenemos mi familia y yo lo que te hace presente. Y es así como funciona, el cuerpo muere, lo material e imperfecto, pero el amor, el espíritu y tu esencia es lo que vive, el bah, le dirían los egipcios.
Y vi que Dios no es injusto ni malo, nos enseña y nos pone pruebas para que experimentemos lo que sea que tenemos que vivir para aprender, lecciones duras, pero necesarias, vivir el dolor para poder entender, tener nuestras iniciaciones para poder trascender ese dolor y convertirlo en aprendizaje, en arte, en sabiduría. Que superemos aquello que tal vez de otras vidas no aprendimos y podamos superar nuestro karma y encaminarnos y en crear buen dharma. Ver que a pesar de todas las pruebas que nos ponga esta extraña realidad, creemos virtudes que nos encaminen a encontrar esa chispa divina que habita en todos nosotros, que somos parte de un Dios que nos deja experimentar para que sepamos que es amor y la sabiduría y podamos encontrar ese el camino de regreso.
Para que vivamos nuestro viaje del héroe, como en el cuento que nos contabas cuando éramos chiquitos mis hermanos y yo, el cuento de Ulises y como tuvo que superar a las sirenas y a los gigantes, y demás adversidades con ingenio y amor para poder mostrar su valor y regresar a su casa. Es muy extraño pero justo en estos días salió la película de La Odisea. 20 años después de tu muerte, 20 años tendrían que pasar para que las cosas se ordenaran, para que me diera cuenta de tantas cosas...
Lo que aún me pone triste es ver que haya tan pocas personas como tú, sensibles, buenas, pero profundas y sabias. Sabias de corazón. Y también que te tuve muy poco tiempo, pero quizás era el tiempo que tenías que vivir, para cumplir tu tarea. Y aunque te tuve poco años, fueron los suficiente, y los agradezco con todo mi corazón.
Te amo y te extraño.
julio de 2026.





Comentarios